Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón.- La danza de Las Candelarias en San Fernando, Chiapas, es una de esas expresiones culturales que desbordan el concepto de fiesta, para convertirse en un acto profundo de identidad, fe y continuidad comunitaria. Cada 1, 2 y 3 de febrero, cientos de mujeres —en su mayoría de origen zoque— salen a las calles no para ofrecer un espectáculo, sino para cumplir una promesa heredada, reafirmar su devoción a la Virgen de la Candelaria y sostener, con el cuerpo y la memoria, una tradición que ha resistido el paso del tiempo.
Esta danza, con más de un siglo de historia, se inscribe dentro del calendario ritual católico, particularmente el 2 de febrero, fecha que conmemora la presentación del Niño Jesús en el templo a los 40 días de nacido. En San Fernando, esta celebración adquiere un carácter singular: es una manifestación exclusivamente femenina, donde el protagonismo recae en las mujeres que bailan al ritmo del tambor y el carrizo, mientras la participación masculina se limita a la música.
Este rasgo no solo la distingue dentro del mosaico cultural de Chiapas, sino que la convierte en un poderoso símbolo del papel de las mujeres como guardianas de la tradición, empoderamiento y pilar cultural.
Uno de los elementos más llamativos de la danza es el sombrero de charro, hoy considerado un emblema de la cultura local. Su presencia, sin embargo, no remite a un origen ancestral, sino a un proceso de apropiación cultural ocurrido en el siglo XX. El sombrero, introducido desde el occidente del país y popularizado de forma intempestiva, fue incorporado a la indumentaria de Las Candelarias hasta convertirse en un símbolo identitario.
Este detalle dialoga con la historia nacional, donde desde el siglo XIX el sombrero charro se consolidó como parte del atuendo ranchero y como un referente de la identidad mexicana, demostrando cómo las tradiciones no son estáticas, sino que se transforman y resignifican con el tiempo.
El primer registro fotográfico conocido de esta danza data de 1968 y muestra a mujeres reunidas en un acto de agradecimiento a la Virgen. Más allá del documento visual, la danza se ha transmitido principalmente de manera oral y vivencial, de generación en generación, fortaleciendo los lazos comunitarios y reafirmando la pertenencia.
Aunque no se trata de una danza autóctona en el sentido prehispánico, hoy representa un claro ejemplo de resistencia cultural zoque, donde la tradición se mantiene viva gracias a la participación activa de la comunidad femenina.
En el contexto actual, la danza de Las Candelarias se ha consolidado como un referente cultural y turístico de San Fernando y de Chiapas. Su valor no radica únicamente en su atractivo visual o en la singularidad de su vestimenta, sino en el profundo significado espiritual y social que encierra.
Para el visitante, presenciar esta danza es una oportunidad de acercarse a una expresión auténtica, donde la fe, la historia y la identidad se entrelaza, recordándonos que el turismo cultural más valioso, es aquel que se vive con respeto, comprensión y reconocimiento de las comunidades que lo hacen posible.
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